
Así
cuenta la mitología: que al súper Titán “Zeus” le gustaba disfrazarse
de sátiro, toro, lluvia de plata, o lo que fuera, para entrar en
contacto con las más bellas jóvenes, seducirlas, violarlas y
fecundarlas.
Seguro se disfrazaba para evitar la ira de Hera, su mujer en el Olimpo; celosa, poderosa y vengativa.
Por
ejemplo, con la bella Europa, seducida y violada por Zeus transformado
en toro, quien la llevó a la isla de Creta sobre su lomo. Y en la isla
le reveló su verdadera identidad, le hizo el amor bajo un plátano,
árbol que según la mitología debe el que sus hojas sean perennes a este
acontecimiento.
O la bella Antíope. Su belleza era tan
extraordinaria que el mismo Zeus se fijó en ella, dejándola embarazada
tras seducirla tomando forma de sátiro.
Al final tenemos todos
algo de Zeus. Cada cierto tiempo nos transformamos para seducir, amar y
tener sexo. Pero no somos ni ángeles, ni sátiros ni toros. Somos sólo
humanos, miedosos, pequeños; que nos unimos con seres que nos seducen,
y nos dejamos seducir, aunque el miedo a Hera, sea esta real o
imaginaria, siempre existe. Que nos impactamos frente a noticias
impactantes, que reaccionamos mal o bien, pero, al final, estamos
porque la seducción, la pasión y el amor están vivos.
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